La joven hoy tiene 21 años, dice que no ha logrado perdonar a su mamá y que quiere ser enfermera de quemados para ayudar a otros niños que sufran situaciones similares a la suya.

Cuando tenía apenas cuatro años Chatrity Sutter sufrió un accidente que cambiaría su vida para siempre. Su madre, en un intento desesperado por acabar con los piojos que la aquejaban y que persistían pese a todos los remedios que habían probado, decidió mojarle la cabeza con gasolina y tras un paso por la cocina una chispa hizo que su hija se prendiera en fuego, deformando para siempre su cuerpo y su rostro.

“Fue mi abuela a quien se le ocurrió la idea. Ella le dijo a mamá que en su día usaban queroseno para tratar los piojos y que funcionaba mejor que cualquier otra cosa que hubiera estado probando. Mirando hacia atrás, no sé cómo pudo siquiera pensar que esto era una posibilidad, era tan peligroso”, dijo Charity, ahora de 21 años, a The Sun.

La joven ahora vive en Flint, Michigan, en EEUU, y recuerda su trágico accidente como si contara algo insólito. Aunque pudo continuar con su vida, nunca llegó a perdonar a su madre por lo que hizo.

De acuerdo con Charity, los pijos estaban siendo una epidemia en su núcleo familiar, pues también habían afectado a su hermana y a sus primos, y esto hacía que cuando un niño parecía estar saliendo de los molestos parásitos, los demás lo volvían a contagiar.

Por eso, y aconsejada por la abuela, la mamá de Charity optó por el supuesto remedio casero. Decidió tomar gasolina que había extraído de su cortadora de césped y cubrir la cabeza de la niña y su hermana con la sustancia altamente inflamable. Lo hizo en el baño y después de dejarles el queroseno un rato en el pelo, las enjuagó, les hizo unas trenzas, y se fue a la cocina a preparar la cena.

Charity cuenta que recuerda a su madre en la cocina, y que en un momento prendió un cigarrillo. Ella estaba cerca y un poco de ceniza encendida le cayó sobre la cabeza. Inmediatamente se prendió fuego.

“Recuerdo que olía tan mal que casi me enferma. Bajamos las escaleras y ella empezó a cocinar la cena. Fui a hablar con ella pero estaba fumando un cigarrillo y la ceniza cayó sobre mi cabello. Junto con el queroseno y estando de pie junto a un quemador encendido, me prendí en llamas como una hoguera”, relata la joven.

Charity terminó con quemaduras de tercer grado que cubrieron el 60% de su cuerpo y tuvo suerte de sobrevivir.

Tomado de Infobae

 

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