Por: Bernardo Romero Parra.
P.U. Comunicación social Periodismo

El último de los macro proyectos para Cartagena es el sistema integrado de transportes, Transcaribe que ha durado más de doce años para su implementación que aún no termina, el proyecto de dragado de caños y lagunas se inició en la primera administración del Alcalde Manuel Domingo Rojas, continuándose hasta llegar al mandato del Alcalde Gabriel García Romero que construyó puentes peatonales y vehiculares con el fin de viabilizar el transporte acuático, hoy tenemos 25 años de parálisis y en consecuencia el deterioro de las metas alcanzadas como la recuperación de los predios del caño Juan de Angola que tenía asentamientos humanos en su curso que fueron reubicados, y  hoy volvieron a ser ocupados irregularmente ante la indiferencia general.

La pobreza en Cartagena no disminuye, según algunos estudios se calcula que son más de 262 mil personas las que están en condición de pobreza monetaria y más de 40 mil en pobreza extrema, aunque en nuestra percepción ese número debe ser mucho mayor, pues lo evidencian extensos cordones de miseria en lugares como las faldas del Cerro de la Popa, el cerro de Albornoz, la vía Perimetral, sectores de la Ciénaga de la Virgen, el gran Pozón, San José de los Campanos, Nelson Mandela,  el área rural insular y continental sin excepción alguna.

Por otro lado observamos el liderazgo empresarial que ha permitido la modernización de sus industrias con los últimos avances tecnológicos asegurando importantes dividendos, hasta el punto de tener funcionando en la ciudad más de diez de las empresas grandes de Colombia por sus rendimientos financieros, inversión de capital y generación de empleo, cuyos gremios  han intentado en varias ocasiones aunar esfuerzos con las administraciones distritales de turno para sacar adelante  proyectos sin resultados positivos conocidos, entre ellos la superación de la pobreza.

Conociendo lo que significa la responsabilidad social empresarial, me pregunto: ¿si los empresarios enterados de las condiciones de marginamiento y la desesperanza en que sobreviven las comunidades a su alrededor le han apostado lo suficiente para sacar adelante esos proyectos, aportando de su logística organizacional, recursos económicos entre otros elementos? ¿Se ha permanecido en simples intenciones con el concepto que los asuntos sociales son responsabilidad directa del gobierno, quedándose en el amague efectivo, imitando a esos personajes del realismo popular que se meten la mano al bolsillo para pagar pero no sacan nada?

La unión por Cartagena se necesita, pero con verdadera voluntad de trabajar junto a las autoridades distritales y las organizaciones sociales en la ejecución de iniciativas locales que acaben la problemática comprobada en la fractura del tejido familiar, el desempleo, la inseguridad, el déficit de vivienda, el conflicto urbano de jóvenes, la falta de cultura ciudadana, temas que requieren auspicio del sector privado, de lo contrario seguiremos en iguales condiciones.

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